LA VANGUARDIA: La Reación de los Políticos Nacionales

Por Sin Pancarta - 17 de Octubre, 2005, 17:40, Categoría: Información en la Prensa

La reacción en Madrid es detallada en el popular diario barcelonés.

LA VANGUARDIA

Sábado, 1 de Octubre de 2005

TOQUE DE QUEDA EN EL PSOE, ZAFARRANCHO EN EL PP

Enric Juliana

Zapatero escribió de su puño y letra la declaración que leyó la vicepresidenta Fernández de la Vega   

 

MADRID - José Luis Rodríguez Zapatero escribió de su puño y letra la breve declaración institucional que leyó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega en la conferencia de prensa posterior al Consejo de Ministros. Consigna: respeto a la amplia mayoría del nuevo Estatut - a diferencia del plan Ibarretxe en la Cámara vasca- y apelación al rigor constitucional. Masajes Zapatero: linimento y vigor.

Fue un día arduo ayer en la Moncloa. El presidente tuvo que emplearse a fondo para que el PSOE no se abriese como un abanico ante el previsible ataque en cuña del férreo Partido Popular. La tensión en las filas socialistas por el pacto de Catalunya supera en bastantes grados el malhumor exhibido en público. El evidente disgusto de los afectos al ideal jacobino se entremezcla con el creciente malestar del socialismo meridional, cada vez más obsesionado por las señas de identidad, por mantener bien alta la bandera de la igualdad y de la igualación.

Encabezan la procesión algunas personalidades dotadas de un finísimo sentido de la oportunidad, como el ministro de Defensa, José Bono. En vísperas de la celebración de la fiesta nacional del 12 de Octubre, Bono caracolea como un caballo de Jerez. Está que se sale. Tanto es su entusiasmo que el jueves a punto estuvo de abrazar en los pasillos del Congreso a Alfonso Guerra, con quien no intercambiaba los buenos días desde el 35. º congreso del PSOE. Como el lector recordará, la corriente guerrista hizo todo lo posible para que el hombre de La Mancha no alcanzase la secretaría general del partido el año 2000. Por esa brecha inició su ascenso el hábil Zapatero.

En plena fase de fibrilación - estimulada con unos cuantos voltios por el vibrante discurso de Pasqual Maragall en el Parlament: "Queremos cambiar España"-, el PSOE corría ayer el riesgo de salirse de madre y aparecer como una torre de Babel: uniformista por la base, federal en las plantas intermedias y medio confederal en el ático catalán. Desde la presidencia del Gobierno se impartieron precisas instrucciones para evitar un desbarajuste coral. Decretado el toque de queda, la Moncloa sólo expidió un permiso pernocta para el presidente del partido y de la Junta de Andalucía, cabeza visible del malestar meridionalista. Manuel Chaves midió muy bien la longitud de sus palabras: "Como presidente de la Junta de Andalucía sólo puedo decir que no estoy de acuerdo con lo aprobado por el Parlament de Catalunya; no haré más comentarios, salvo uno: que la soberanía nacional radica en el Congreso de los Diputados, garantía máxima de que todos los estatutos que están siendo objeto de reforma en España, tanto el catalán como el andaluz, el canario o el valenciano, serán constitucionales y solidarios".

También habló Alfonso Guerra, quien además de pase pernocta perpetuo posee licencia especial como presidente de la comisión Constitucional del Congreso, el órgano que, en primera instancia, deberá debatir y enmendar el proyecto elevado por el Parlament. Guerra estuvo cauto y profesional al manifestar que el debate será complicado y largo, porque "son muchos los artículos que plantean dificultades de encaje constitucional". Más significativas aún fueron las siguientes palabras: "El grupo socialista tiene una historia de disciplina interna muy importante". Conjuraba así una leyenda que viene circulando desde hace días por Madrid, según la cual unos cincuenta diputados socialistas estarían dispuestos a votar en contra del Estatut de Catalunya, pese a la voluntad de acuerdo que emana de la doctrina Zapatero. Esos cincuenta diputados, dice el runrún, estarían en busca de un capitán que los abanderase. Queda claro que el cabecilla no será Guerra, quien en caso de rebelión luciría las insignias de mariscal. También cabe descartar a Bono. El ministro de la Defensa caracolea, gestiona los tres ejércitos (tierra, mar y aire), pero no tiene mando sobre la tropa socialista.

Toque de queda en el PSOE hasta nuevo aviso y zafarrancho de combate en el Partido Popular. Ayer volvió a quedar claro que las abcisas y coordenadas de la estrategia popular mantienen el trazo aznariano. La secuencia es la siguiente: el lunes José María Aznar lanza la consigna de la semana al declarar que el proyecto de Estatut lleva en su seno el germen de un "cambio de régimen". Al día siguiente, Eduardo Zaplana, fino estilista, vincula las últimas bombas de ETA a "la semana del Estatut". El jueves, Mariano Rajoy fulmina con la mirada a una periodista que, en rueda de prensa, le pregunta si suscribe las palabras de Aznar sobre el "cambio de régimen". Y ayer, oficiando Ángel Acebes de portavoz, el PP exige que el Estatut sea tramitado como reforma constitucional y se someta al voto de los españoles... como si de un cambio de régimen se tratara.

LA VANGUARDIA

Sábado, 1 de Octubre de 2005

CATALUNYA SE PRONUNCIA Y RECLAMA ATENCIÓN A ESPAÑA

Jordi Barbeta

El tripartito y CiU consideran que el Estatut reconcilia a las fuerzas del catalanismo

 

BARCELONA - Catalunya se ha pronunciado a través de sus representantes democráticamente elegidos y lo ha hecho de forma inequívoca a favor de una profunda reforma de su estatus político. De los 135 diputados del Parlament, 120 votaron ayer a favor de la reforma del Estatut, y sólo quince - los representantes del PP- lo hicieron en contra, en una solemne sesión en la que cada parlamentario emitió su voto puesto en pie y de viva voz.

En los discursos y en la mente de todos se situaba al mismo nivel la proclamación de Catalunya como nación y el desafío que supone para España atender las aspiraciones al autogobierno del pueblo catalán. No en vano la reforma suma el respaldo de más del 85% de los votos de los catalanes - frente al 12% en contra- y un eventual rechazo en las Cortes supondría abrir una crisis sin precedentes.

Quizá por ello, junto a la evidente euforia desatada por el éxito del proyecto de reforma, se notaba en los rostros la gravedad de la responsabilidad adquirida: "Somos unos enamorados de las Españas, tanto que las queremos cambiar", dijo el president Maragall, en la intervención con la que se cerraba la histórica sesión parlamentaria, pero luego añadió: "Se ha terminado hablar de nosotros y ellos, porque nosotros somos ellos", aunque también adoptó un tono exigente dirigiéndose también a España: "Si te ayudas, te ayudo, y si no, no". No fue muy distinta la reclamación del líder de la oposición, Artur Mas: "Catalunya ha hablado alto y claro y Catalunya no ha dado nunca la espalda a España; ahora que España no le dé la espalda a Catalunya. Hemos de exigir respeto". En la misma línea, el líder independentista Josep Lluís Carod-Rovira definió la propuesta catalana como "una mano tendida a España", pero advirtiendo también que si en las circunstancias actuales, que son las más favorables, no se logra establecer una relación amable entre Catalunya y España, habrá que concluir que esa relación es imposible. El líder ecosocialista, Joan Saura, subrayó que el Estatut "no es una amenaza para nadie". La sintonía de los cuatro grupos parlamentarios que habían apoyado la reforma se convirtió en una reconciliación de los partidos que se reclaman catalanistas, después de la brecha abierta por el pacto tripartito y la posterior crisis del Carmel. El Estatut parece haberse convertido incluso en el comienzo de una gran amistad entre dos personajes tan distintos y distantes como Pasqual Maragall y Artur Mas. Después de todo, Mas desde la tribuna del Parlament pronunció un sentido reconocimiento al coraje político que, a su juicio, ha demostrado el presidente de la Generalitat en su apuesta por una reforma ambiciosa del Estatut. En una jornada tan emotiva y especialmente difícil para la minoría que votaba en contra, el líder del PP, Josep Piqué, supo econtrar el tono para explicar de forma convincente el desacuerdo, que no sonó en absoluto estridente y que se situaba muy lejos del catastrofismo que los dirigentes nacionales de su partido practicaban con ahínco desde la capital.

Desde luego, que la aprobación del Estatut se celebrara ayer en el Palau de la Ciutadella mirando todo el mundo de reojo hacia Madrid tenía su explicación, porque desde el momento mismo en que trascendió el acuerdo político entre Maragall y Mas, sin que se conociera siquiera el contenido de los acuerdos, la artillería político-mediática capitalina abrió fuego a discreción y no cesó en todo el día.

Está claro que el PP pretende utilizar el Estatut como su principal arma arrojadiza contra el presidente del Gobierno y no dejó pasar ni 24 horas para abrir las hostilidades. El secretario general del PP, Ángel Acebes, consideró que la reforma pretende cambiar la Constitución y exigió para su aprobación mayoría cualificada de dos tercios o bien disolución de las Cortes y elecciones anticipadas. El Gobierno apenas se dio por aludido por los excesos de gesticulación de los conservadores.

LA VANGUARDIA

Sábado, 1 de Octubre de 2005

EL GOBIERNO RECIBE CON RESPETO EL ESTATUT, PERO LO REVISARÁ CON MÁXIMO RIGOR CONSTITUCIONAL

Cristina Sen

El Ejecutivo admite que el debate tiene muchos riesgos, pero cree que un buen fin le fortalecerá

 

MADRID - El Gobierno recibió ayer la aprobación del Estatut y su remisión al Congreso como un reto arriesgado, lleno de peligros, pero, al fin y al cabo, un reto que si acabase bien supondría un fuerte espaldarazo al modelo político que impulsa José Luis Rodríguez Zapatero. Riesgos y retos aparte, la primera evaluación que hizo el Ejecutivo de la propuesta catalana pivota sobre dos ejes. En primer lugar, se subrayó el respeto por un texto que "viene con consenso", pero por otro se marcó con claridad la línea que el Gobierno seguirá en la negociación, basada en la aplicación del "máximo rigor constitucional".

"Debemos garantizar - dijo la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega- que el texto que salga del Congreso respeta la Constitución de la A a la Z". No hacen falta grandes explicaciones para comprender que el Gobierno, mediante el grupo socialista en el Congreso, va a enmendar cuestiones del Estatut de dudosa constitucionalidad, y se espera que esta participación de las Cortes sea bien aceptada por los negociadores catalanes. Pero en sus respuestas, De la Vega intentó restar cualquier dramatismo al debate enmarcándolo en un proceso de plena normalidad democrática, donde ahora la discusión cambia de lugar y llega a Madrid, como ocurrió también en 1979. La vicepresidenta había preparado ayer su primera intervención en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros con Rodríguez Zapatero.

El Ejecutivo no quiere dar la sensación de que avasalla o agravia a Catalunya con respuestas duras, tampoco considera que se esté, ni mucho menos, ante un nuevo plan Ibarretxe ni ante una propuesta que divida a los catalanes, pero necesita también definir con una cierta precisión que será necesario revisar a fondo una serie de aspectos. La vicepresidenta ya dio a entender que el modelo de financiación autonómica no cabe en el proyecto y que cualquier negociación de un nuevo sistema se debe de hacer en el marco de la multilateralidad con todas las autonomías. Recordó que el Consell Consultiu ya rechazó el primer modelo propuesto por el tripartito. Habrá cambios, por tanto, en este punto, pero las fuentes gubernamentales consultadas señalaron el modelo que ha llegado permite, por lo menos, que la propuesta de Estatut sea admitida a trámite en las Cortes. Esto no hubiera sido posible, aseguraron, si se hubiese mantenido sin cambios la fórmula de CiU.

En esta primera lectura y según los altos cargos consultados, tampoco se ven viable cuestiones como por ejemplo el blindaje competencial, la definición de competencias excluyentes, la revisión de leyes orgánicas e, incluso, la definición de Catalunya como nación. No es que Zapatero haya cambiado de opinión, sino que el Ejecutivo estima que la definición como nación debería de ir en el preámbulo del Estatut y no en el articulado. La negociación para pactar el texto se pilotará desde la Moncloa y el Ministerio de Administraciones Públicas con todos los grupos parlamentarios, especialmente el socialista.

El Gobierno reconoce que está ante una situación complicada en la que se juega mucho, pero se considera que, dentro de esta dificultad, era mejor que se aprobase el Estatut a que quedase encallado un proyecto catalán básico en la política de reformas de Zapatero. La cuestión, se señala, es que algunos sectores del PSOE no hagan el juego al PP y se minimice la tensión durante los próximos meses.

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